martes, 31 de marzo de 2020

¿El coronavirus afectará a la economía y los mercados de América Latina?


El coronavirus ya ha provocado la muerte de más de 37.000 personas en todo el mundo. El virus se ha propagado por 194 países, incluido Venezuela en el cual la suma de los contagiados supera las 130 personas.

Pero ¿Cómo esto afecta a la economía y los mercados de América Latina?

El Covid-19 ha provocado una paralización de la actividad económica en China, ya que el Gobierno ha limitado la movilidad dentro y fuera del país.

América Latina y el Caribe están enlazadas a China por sus relaciones económicas, particularmente a través del comercio, la inversión extranjera y los préstamos.

El comercio entre China y América Latina aumentó de 12.000 millones de dólares en el año 2000 a 306.000 millones en 2018, y esto la convierte como el segundo socio comercial. Hace tres años, ya representaba 9% de las exportaciones totales de Latinoamérica y 18,4% de las importaciones totales.

Sus seis principales socios comerciales en la región son Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela, cuyas exportaciones se concentran en cuatro productos, que representan 75% de las exportaciones latinoamericanas a China: cobre, soya, petróleo crudo y mineral de hierro.

Venezuela es el mayor país que hace tratos con china debido a los préstamos, con un monto de 67.2000 millones de dólares desde 2005.

Si bien el alcance total del impacto del coronavirus dependerá en última instancia de qué tan bien se contenga el brote, se espera que el crecimiento de China en el primer trimestre del año caiga bruscamente y se recupere más adelante en el año.

Si bien China ha estimado su crecimiento para 2020 en 6%, varios analistas han revisado sus proyecciones a entre 5 e incluso 4,5%.

miércoles, 25 de marzo de 2020

IATA prevé gran impacto económico en aerolíneas


Compañías aéreas en crisis por Covid-19



“Los pronósticos para el sector aéreo internacional no son los mejores tras suspensiones de vuelos para evitar el virus de Wuhan” así re refirió Juniac sobre el escenario actual que viven la aerolíneas


En una reunión realizada en Singapur el pasado cinco de Marzo, el director de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), Alexandre de Juniac, anunció que para el 2020 las pérdidas que sufrirían las aerolíneas serían multimillonarias.

            Según el portal web de noticias France 24, “la IATA estima que la perdidas de los ingresos de las compañías aéreas de transporte de pasajeros alcanzarían los 63.000 millones de dólares si la expansión del coronavirus logra contraerse, y hasta 113.000 millones de dólares en el caso contrario”. Cabe destacar que en las estimaciones realizadas no incluyen el impacto de la pandemia a las aerolíneas de flete.

            Por otra parte, la Asociación expresó que el peor escenario que puede vivir, es la reducción de hasta un 19% de los ingresos de las compañías aéreas para el año en curso. Desde el punto de vista financiero, las consecuencias serían equivalentes a la crisis económica mundial del año 2003 por la epidemia SARS.

            Se conoció que los últimos días varios países han tomado medidas preventivas, al cerrar el tráfico aéreo hacia naciones que se encuentran en una situación de alarma, como España, Italia, Alemania, Israel, China, Francia, entre otros.


Las consecuencias económicas del COVID 19 en Latinoamérica. Y el caribe

Según Alicia Bárcena, la crisis del COVID-19 pasará a la historia como una de las peores que el mundo ha vivido. Explicó que la enfermedad pone en riesgo un bien público global esencial, la salud humana, e impactará a una ya debilitada economía mundial y la afectará tanto por el lado de la oferta como de la demanda, ya sea a través de la interrupción de las cadenas de producción -que golpeará severamente al comercio mundial- como a través de la pérdida de ingresos y de ganancias debido a un alza del desempleo y mayores dificultades para cumplir con las obligaciones de deuda.
“América Latina y el Caribe, así como otras regiones emergentes, se verá afectada negativamente”, declaró la máxima autoridad de la CEPAL. Recordó que la región creció a una tasa estimada de apenas 0,1% en 2019, y que los últimos pronósticos de la Comisión realizados en diciembre pasado preveían un crecimiento de 1,3% para 2020. Sin embargo, “las proyecciones han sido revisadas a la baja significativamente en el actual escenario”, señaló.
Explicó que en estos momentos CEPAL estima una contracción de -1,8% del producto interno bruto regional, lo que podría llevar a que el desempleo en la región suba en diez puntos porcentuales. Esto llevaría a que, de un total de 620 millones de habitantes, el número de pobres en la región suba de 185 a 220 millones de personas; en tanto que las personas en pobreza extrema podrían aumentar de 67,4 a 90 millones.
Bárcena precisó que el Coronavirus afectará a la región a través de cinco canales. Un primer canal de transmisión de esta crisis es el efecto de la disminución de la actividad económica de varios de los principales socios comerciales en las exportaciones de bienes de los países de la región. China, por ejemplo, es un destino importante para las exportaciones de varias economías latinoamericanas, siendo el principal socio comercial en los casos de Chile, Perú y Brasil. CEPAL estima que las exportaciones de la región a ese destino podrían caer hasta 10,7% en valor.
Un segundo canal proviene de la caída en la demanda de servicios de turismo, que impactaría más severamente a los países del Caribe. Se calcula que si la prohibición de viajes a causa del virus se prolonga por uno, dos, o tres meses, la actividad turística en el Caribe, por ejemplo, en 2020 se contraería en 8%, 17% y 25%, respectivamente.
Bárcena agregó que un tercer canal de transmisión se daría a través de la interrupción de las cadenas globales de valor. Esto afectaría principalmente a México y Brasil, países que importan partes y bienes intermedios desde China para sus sectores manufactureros (en especial en los casos de repuestos para automóviles, electrodomésticos, productos electrónicos y farmacéuticos).
Un cuarto canal que afectaría a la región de América Latina y el Caribe está en la caída de los precios de los productos básicos (commodities), sobre todo para los países exportadores de materias primas en América del Sur. En tanto, un quinto canal de transmisión se deriva de la mayor aversión al riesgo de los inversionistas y el empeoramiento de las condiciones financieras globales, explicó. “Parte de estos efectos ya se aprecia en la fuerte disminución de los índices bursátiles en la región”, indicó Bárcena.

COVID-19: Una amenaza para la economía mundial


Paralización de la actividad petrolera, caída en la bolsa de valores y productividad en picada…sin duda el coronavirus ha dado un duro golpe a la sociedad en todos sus ámbitos, empezando por una cifra imparable de contagios y muertes a lo largo y ancho del globo. Pero además de la crisis de salud pública que ha desatado, también ha puesto en jaque la economía mundial desde sus primeros vestigios, y no parece que el panorama vaya a mejorar pronto.

Tras ser catalogada pandemia global por parte de la Organización Mundial de la Salud, cada vez son más las naciones que decretan estado de emergencia y cuarentena obligatoria para contrarrestar la propagación del virus, el cual ya ha demostrado ser altamente contagioso. Este aislamiento se traduce en pausar temporalmente la actividad industrial, pequeñas y medianas empresas, e incluso los negocios informales, exceptuando únicamente aquellos rubros dedicados a la alimentación y la medicina.

Entonces, como es de esperarse, un declive financiero está tocando la puerta de los países menos favorecidos. Es bien sabido que Latinoamérica alberga algunas de las economías más débiles a escala mundial, siendo Venezuela el caso más preocupante al arrastrar consigo una crisis humanitaria de hace varios años. En este sentido, si controlar el brote ya es un desafío para los gobiernos del primer mundo, el resto de países está frente a una tarea titánica desde varias ópticas.

Europa es el ejemplo perfecto para sintetizar esta premisa. España e Italia son los países europeos más afectados por la pandemia, con números alarmantes de fallecidos en tiempo récord y miles de nuevos casos diariamente. Su sistema de salud ya ha colapsado debido a la cantidad de diagnósticos por atender las 24 horas, lo cual representa de por sí un enorme riesgo para su estabilidad económica. A esto hay que sumarle la cuarentena.
China también tuvo que enfrentar esta recesión en primera plana al ser la nación en la que se originó el COVID19. Sin embargo, su impacto se ha reducido aceleradamente los últimos días a consecuencia de sus agresivas políticas de control, las cuales están siendo replicadas por otros países.

El cierre de tiendas, fábricas y centros educativos fue una de las medidas que mejor neutralizó los efectos de contagio del coronavirus, aunque esto significara un declive para el desarrollo financiero. Aun así, el gigante asiático se muestra optimista con expertos que aseguran la recuperación total en cuestión de meses, tal como lo señala Liang Huang, economista jefe de la Corporación de Capital Internacional de China: “si la situación continúa sin complicaciones, China es capaz de conseguir un crecimiento anual del PIB del 6%", declara a Global Times.

Una vez reseñado todo lo anterior, es menester acudir a las estadísticas para comprender a fondo las consecuencias de un virus de esta magnitud. Kristalina Gerogieva, directora gerente del Fondo Monetario internacional, advirtió a mediados de febrero que el crecimiento de la economía mundial, estimado en un 3,3% para este año, podría reflejarse entre un 0,1% y 0,2% a causa del coronavirus.

Considerando dicha proyección, el empresario James Donald, responsable de mercados emergentes de Lazard AM, asegura que el sector más vulnerable en estos momentos es el petrolero, que pese al aumento de la producción, existe una presión respecto al precio, la renta variable y las estimaciones de crecimiento mundial.

Por otro lado, hay que mencionar la caída en la bolsa de valores, la cual experimentó un desplome de más del 20% en las últimas semanas producto de la pandemia que continúa extendiéndose por los Estados Unidos. El presidente Donald Trump mencionó que “Es una situación muy difícil” la que enfrenta Wall Street, haciendo referencia a la paralización de una economía que “estaba en su mejor nivel” para combatir el virus.

Si bien las grandes potencias luchan contra el mismo enemigo invisible que los países pequeños, es innegable que estos últimos no poseen suficientes armas para hacerle frente. Como se ha mencionado previamente, Venezuela atraviesa un escenario poco esperanzador ante la creciente ola de infectados en el país. En plena cuarentena, muchas naciones han tenido que asumir el pago de salarios para los trabajadores, afectando directamente a su producto interno bruto. Esto es más grave en el país latinoamericano, considerando que el sueldo mínimo no cubre en su totalidad las necesidades del venezolano.

Aunque el gobierno plantea aplicar esta medida a través del sistema Patria, no es ninguna garantía cuando no todos están adscritos al carnet de la patria, e incluso otros reciben pago en divisas como alternativa a la devaluación monetaria que se viene agravando desde mucho antes de cualquier epidemia.

Con esto sólo queda preguntarse qué estrategias implementarán las naciones del mundo para salvaguardar su economía de esta grave enfermedad; los países más preparados ya cuentan con escudos de protección lo suficientemente fuertes. Una vez superada la crisis, quizá lo único que quede sea reparar el daño y encaminarse a la reconstrucción. Pero ¿Cuál será el camino a seguir para los países poco dotados para tal amenaza? Sólo el tiempo lo dirá.


PIB venezolano se contraerá -20% por el coronavirus, según Bank Of America

La pandemia podría agravar aún más la crisis económica en el país 


Bank Of America (BofA) asegura que el Producto Interno Bruto de Venezuela sufrirá una contracción del -20% debido al coronavirus, la más baja en Latinoamérica según un comunicado emitido recientemente.

La entidad bancaria afirma que el impacto de la pandemia global supone consecuencias “enormes” para los mercados emergentes, en especial para los países exportadores de petróleo. Además prevé una recesión global y  “una gran contracción en el crecimiento de Estados Unidos” de hasta un 10% para el segundo trimestre de 2020, lo que a su vez desfavorece el desarrollo económico de sus vecinos.

La actividad petrolera representa la mayor fuente de ingresos en el país, sector que se ha visto más vulnerable los últimos años. Los precios del crudo han experimentado un grave declive tras el brote de coronavirus en los países miembros de la OPEP, lo cual también deja al gobierno venezolano con fondos insuficientes para importar combustible. 

El segundo país latinoamericano con mayor déficit será México, de acuerdo al informe presentado por BofA, con un pronóstico del -4,5%, seguido de Argentina (-3%), Ecuador (-2%) y Chile (-0,7%). Por otro lado, la previsión posiciona sólo a tres países en el continente que registrarán un ascenso en su PIB, tales como Colombia con un 1,6%, Costa Rica con un 0,% y Perú con un 0,5% para este año. 

¿Cómo afecta la pandemia a la economía?


¿Cómo afecta la pandemia a la economía?

El COVID -19 (coronavirus) fue declarado como Pandemia por la Organización Mundial de la Salud y sus efectos podrían implicar una crisis y contracción de movimientos financieros ya que un número cada vez mayor de países están cerrando partes considerables de sus actividades públicas y privadas, lo que hace que la gente se quede en casa donde gasta menos dinero y a su vez, generando a las empresas un problema de liquidez, y con ello declive de la economía global. En la segunda quincena de enero y a principios de febrero, esta caída se aceleró considerablemente, en gran parte acicateada por el rol central de China en el origen de la movilización de los bienes, los que simplemente no fueron suministrados. La disminución de la fabricación en China debido al brote de coronavirus (COVID-19) está perturbando el comercio mundial y podría dar lugar a una disminución de US$50.000 millones en exportaciones a través de las cadenas de valor mundiales, según las estimaciones publicadas por la UNCTAD el 4 de marzo. En febrero, el índice de gestión de compras del sector manufacturero del país (PMI) un índice crítico de producción cayó unos 22 puntos hasta 37,5 siendo la lectura más baja desde 2004.
China también desempeña un papel crucial en el comercio mundial de productos petroleros, como una importante fuente de demanda de petróleo crudo y de oferta de productos refinados. El flujo de petróleo crudo, como era de esperar, no parece actualmente afectado. Por otro lado, los datos sobre la cantidad de importaciones de petróleo crudo y el petróleo crudo almacenado en tierra en China revelan una importante desaceleración de la actividad de refinado, especialmente en el norte del país, donde se concentran las refinerías independientes, dando cuenta de la baja demanda, producida por la baja en el dinamismo económico, acentuado por el coronavirus.
Cualquier escenario que se tenía para Venezuela cambió en cuestión de 3 semanas. La crisis del coronavirus con la brutal caída de Los precios petroleros configura una nueva realidad para el país, totalmente diferente. Con la caída de los precios petroleros, el flujo de caja del Estado es crítico, con un déficit que se calcula en unos US$ 6.000 millones. Sin capacidad de acceder a financiamiento externo, esto provoca una caída de las importaciones, ligadas a alimentos y combustible.
Como está ocurriendo a nivel global, es un choque simultáneo en la oferta y demanda. Así que se espera una mayor contracción de la actividad económica. En 6 años el país caído más de 60 %, y este año su proyección era de una caída de 10 %. Ahora se puede observar un número más cerca de 20 %. Lo cual es grave para una economía como la venezolana. Deprimiendo sectores que mostraban algo de respiro, como la actividad comercial y de servicios.
Por el lado de la inflación y el tipo de cambio, las perspectivas también son bastante negativas. Si el gobierno no puede acceder a financiamiento externo, va a recurrir al interno, aumentando el gasto, colocando más bolívares en la calle, que van a presionar precios, incluyendo el tipo de cambio.
Es importante que en los negocios tengan claridad del contexto económico que podemos tener, para el diseño certero de escenarios siendo momento de  medir muy bien cada decisión que se vaya a tomar. Esta crisis es una nueva oportunidad de la vida, para mostrar de que están hechos cada uno de los venezolanos.

martes, 24 de marzo de 2020

¿Afecta el Coronavirus a la economía mundial?

¿Sabremos realmente a lo que nos estamos enfrentando? Recesión, ralentización, caída en la bolsa de valores, baja en las tasas de interés, cuarentena. Esta última tan sólo como punta del iceberg.
Impredecible, es la respuesta a la interrogante. En función de todo el escenario, es posible, que nos enfrentemos a una posible recesión desde que la nación China ha paralizado su actividad comercial. Siendo esto ya un hecho desde el mes de enero. Y es que China está estrechamente ligado con diversos países de todo el mundo, teniendo un Producto Interno Bruto Mundial de 18% y un 13% de actividad comercial Mundial. Una de las economías más grandes.

En este sentido, es un tema que va a impactar al mundo, no solamente a países económicamente dependientes de China. Y eso confirma el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD): “El terremoto del COVID-19 desencadenará una recesión en algunos países y una desaceleración del crecimiento anual global por debajo del 2,5%, a menudo tomado como el umbral de recesión para la economía mundial”. ¿Por qué? Porque ahora no sólo China ha parado, cada vez son más los países que se suman, añadiendo así ralentización al mundo

Vayamos a consecuencias puntuales, ¿Que está pasando con las bolsas de valores? La crisis del coronavirus va camino a convertirse en una sacudida feroz para los débiles cimientos en los que se asienta la economía global. La amenaza de una recesión es cada vez más real y los mercados (Bolsas, bonos, petróleo) proyectan una caída sin precedentes indica Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank España. Wall Street viene de sufrir el desplome más rápido de su historia desde máximos. Y en Europa los grandes índices ya pierden alrededor de un tercio de su valor desde que el virus pasó de amenaza de oriente a una realidad con la que el Viejo Continente tendrá que convivir meses. La razón obvia y que se debería atacar es la falta de confianza de los inversores.

¿Que necesitamos entonces? Un liderazgo político, que trate este tema como un proceso en el que se debe ir dividiendo y venciendo. En principio está de más decir que la única manera en que el esparcimiento del virus ha mermado es aplicando el aislamiento social. Estamos hablando de datos y cifras de países como Italia y Wuhan. Italia como ejemplo de no aplicación y Wuhan como ejemplo de aplicación de cuarentena absoluta. Ya sabemos que está pasando con cada uno.

Segunda parada del proceso, políticas económicas que vayan de la mano del aislamiento, es decir, intentar al máximo posible impedir la  ralentización, a pesar de la cuarentena.

Sin embargo como no todo es de color de rosa (de hecho estamos frente a un cisne negro), si la crisis a nivel de salud es más duradera, las soluciones sugieren “Una respuesta adecuada de política macroeconómica que necesitará un gasto fiscal agresivo con una inversión pública significativa, y apoyo de asistencia social dirigido a trabajadores, empresas y comunidades afectadas negativamente”, según el análisis. Todo esto para generar demanda.
Terminamos el análisis generando la interrogante puntual…¿Puede, en nuestro caso, Venezuela asumir estas políticas?... Ya lo veremos.

El Coronavirus golpea a la economía mundial

Resultado de imagen para impacto del coronavirus en la economia mundial

Las medidas tomadas por los países para enfrentar al Coronavirus ha tenido un impacto negativo en la economía mundial

miércoles, 18 de marzo de 2020

Venezuela ocupa el puesto 17 de los países de América Latina con mayor producto interno bruto


Alrededor de 2 millones de venezolanos han abandonado el país en los últimos años, según informes de la ONU. La cifra equivale al 7 % de la población. El desequilibrio político, la crisis económica y la hiperinflación han forzado a la sociedad a buscar refugio en países vecinos.



Este gráfico de Statista muestra la evolución del cambio del Producto Interno Bruto de Venezuela, es decir, del valor de los bienes y servicios finales producidos en la economía, en los últimos años.

Hace 22 años Venezuela ocupaba el primer lugar entre las economías de mayor tamaño en América Latina, pero hoy se encuentra en la casilla 17 por encima de Haití y Nicaragua. En el 2018, datos del Banco Mundial revelaron que Venezuela ocupaba la casilla número 8 en la lista de los países de América Latina con mayor producto interno bruto per cápita. En 1998 perdió el primer lugar en este ranking, la economía venezolana no pudo recuperarse a lo largo de estos 20 años y cayó por debajo de naciones como El Salvador, Bolivia, Honduras, Guatemala.


Los años 1950 y 1977 fueron prestigioso para el país debido a la baja inflación, estabilidad económica y su alto crecimiento. No obstante, a partir de 1980 comenzó la inestabilidad de la economía con malos síntomas, para luego llegar al período de hundimiento económico desde 2013.


Balanza de pago en venezuela y el producto interno bruto ¿En correcto funcionamiento?

El PIB mide el valor monetario de los bienes y servicios fi nales —es decir, los que adquiere el consumidor fi nal— producidos por un país en un período determinado (por ejemplo, un trimestre o un año), y cuenta todo el producto generado dentro de las fronteras. Abarca los bienes y servicios producidos para la venta en el mercado, pero incluye también otros, como los servicios de defensa y educación suministrados por el gobierno. Un concepto parecido, el PNB o producto nacional bruto, comprende todo lo producido por los residentes de un país. Por lo tanto, si una empresa de propiedad alemana tiene una fábrica en Estados Unidos, su producción forma parte del PIB estadounidense, pero del PNB alemán.

No todas las actividades productivas están reflejadas en el PIB. Por ejemplo, el trabajo no remunerado (ya sean tareas domésticas o la labor de voluntarios) y las operaciones del mercado negro están excluidas porque son difíciles de medir y valorar correctamente. Eso significa que un panadero contribuye al PIB cuando elabora un pan para un cliente, pero no cuando lo hornea para su familia.

Dado que el PIB se mide en la moneda nacional, es necesario hacer un ajuste al comparar el valor del producto de dos países con distinta moneda. Lo que se acostumbra es convertir el valor de cada PIB a dólares de EE.UU.; esa conversión se basa en el tipo de cambio vigente en el mercado de divisas o en el tipo de cambio ajustado según la paridad del poder adquisitivo (PPA). Este último es el tipo de cambio que habría que aplicar al convertir una moneda a otra para poder comprar el mismo volumen de bienes y servicios en cada país (véase “Vuelta a lo esencial” en la edición de marzo de 2007 de F&D). En los países de mercados emergentes y en desarrollo hay una gran diferencia entre un tipo de cambio y otro; en la mayoría, la relación entre el tipo de cambio de mercado y el ajustado según la PPA es entre 2 y 4. Eso se debe a que los bienes y servicios no transables suelen ser má baratos en los países de bajo ingreso que en los de alto ingreso —un corte de cabello sale más
caro en Nueva York que en Bishkek—, aun si el costo de fabricar bienes transables, como maquinaria, es el mismo.

En las economías avanzadas, la diferencia entre los tipos de cambio es mucho menor. Todo esto signifi ca que los países de mercados emergentes y en desarrollo tienen un PIB estimado en dólares más alto cuando se utiliza el tipo de cambio ajustado según la PPA. El FMI publica una variedad de datos sobre el PIB en su sitio web (www.imf.org) y es una de las instituciones internacionales que elaboran indicadores mundiales y regionales del crecimiento del PIB real que permiten formarse una idea de la rapidez o la lentitud con que se están expandiendo la economía mundial o las economías de una determinada región. Los agregados se calculan como promedios ponderados del PIB de distintos países y las ponderaciones (basadas en tipos de cambio ajustados según la PPA) reflejan el porcentaje del PIB que corresponde a cada país dentro del grupo. Así, por ejemplo, en la última actualización de su informe Perspectivas de la economía mundial, el FMI
proyecta que el PIB real mundial crecerá 2,2% en 2009, comparado con 3,7% este año y 5% en 2007. Se prevé, por primera vez desde la segunda guerra mundial, una contracción anual de las economías avanzadas.

Haciendo un énfasis, en Venezuela, para mayo de 2019 el BCV sorprendió al hacer públicos datos del PIB que eran ocultos desde 2015. Índices como precios al consumidor (IPC) también fueron sacados a la luz.

El primer dato sorprendente es que la hiperinflación, que arranca oficialmente en diciembre de 2017, se ubicó en 53.798.500 entre 2016 y 2019. Solo en 2018, la inflación fue de 130.060,2%. Sin embargo, este último valor se encuentra muy por debajo del calculado por la Asamblea Nacional, institución que se dio a la tarea cubrir el vacío dejado por el Banco Central.

Asimismo, el BCV informó niveles inflacionarios de 862,6% y 274,4% para 2016 y 2017, respectivamente. Es importante destacar también, lo que muchos habían advertido y que ahora se confirma oficialmente, y es que la economía venezolana se redujo casi a la mitad entre 2013 y 2018.

Según las estadísticas del organismo emisor, la caída del Producto Interno Bruto (PIB) desde 2013 hasta el tercer trimestre de 2018 fue de 47,7%.

Asimismo, el consumo nacional se redujo 18,7% hasta el tercer lapso de 2018 con respecto a 2017. De igual forma, la inversión de capital disminuyó 45,3% en 2017 y 47,8% hasta el tercer período de 2018.

En cuanto al PIB sectorial, se observa una caída de la producción nacional durante 19 trimestres consecutivos, desde el primer lapso de 2014 hasta el tercero de 2018.
En cuanto a la balanza de pagos, la partida que registra las remesas reflejó un aumento de 1.021% en dos años. Esto evidenciaría que Venezuela ha pasado a ser un país de bajos ingresos y con gente asistida por capitales provenientes de otras economías del mundo.

La balanza de pagos en Venezuela. ¿Desciende o asciende?

La riqueza de un país consiste en los bienes y medios de producción que posee la comunidad en un momento dado, desde los recursos naturales hasta los procesos técnicos; en tanto que el capital es la arte de la riqueza que se utiliza en el proceso productivo.
Al aplicarse el trabajo social asociado con el capital nacional, se genera un volumen determinado de bienes y servicios que expresados en términos monetarios, puede designarse como valor total de la pro­ducción nacional en un período determinado. Si a éste le deducimos d consumo intermedio se obtiene el valor agregado, o sea aquellos valores económicos que constituyen lo que se denomina producto na­cional bruto, que generalmente se mide a precios de mercado.
Si al producto bruto le deducimos el consumo de capital (depreciación nación y pérdidas de capital) se obtiene el producto neto a precios de mercado. Al deducirle a éste los impuestos indirectos y las trans­ferencias (donativos, jubilaciones, etc.) y sumarle los subsidios reales, obtenemos el producto neto al costo de los factores, comúnmente denominado ingreso nacional.
El ingreso nacional de un país en un año dado es, en suma, el producto neto o el rendimiento neto de las actividades económicas de los individuos.
Identidad entre el producto, el ingreso nacional y el gasto: en una economía cerrada existe identidad entre el ingreso nacional y el producto nacional neto al costo de los factores, porque el valor agregado o los bienes y servicios producidos tienen que ser iguales al ingreso perc­ibido por quienes participaron directa o indirectamente en el proceso productivo, y este ingreso finalmente se convierte en gasto.
Del ingreso nacional, una porción se gasta en adquirir artículos de consumo y la otra para efectuar inversiones (acumulación de capital). A su vez en una economía abierta, parte del producto nacional­ neto se exporta y parte del consumo y de la inversión nacional se satisfacen con bienes y servicios importados. Cuando la balanza en cuenta corriente está en equilibrio, el consumo y la inversión nacional neta será igual a la producción nacional neta.
La parte que se ahorra también se gasta total o parcialmente puesto que ahorro es lo opuesto a consumo y no a gasto. Si de acuerdo con este principio suponemos que el ingreso total compra la producción total, entonces se llegará a la igualdad entre el ingreso, el gasto y el producto nacional. Expuesto con mayor detalle tenemos:
  • El ingreso será igual a los pagos a los factores productivos(sueldos, salarios y los demás pagos complementarios al factor trabajo) más ganancia, intereses, alquileres y otros pagos a los propietarios de los bienes de producción, cuya suma constituye una de las medidas del producto nacional.
  • El gasto será igual al consumo más la inversión bajo el su. Puesto de que el ahorro global es igual a la inversión total en un periodo determinado. Por lo tanto, el gasto total se igualará tanto al producto como al ingreso nacional neto.
  • Cualquiera de estas formas representa la manera de medir el producto nacional generado en un periodo determinado, sólo que cuantificado en su fase productiva en la distributiva o en su destino final. Los métodos que se utilizan para medir el producto o ingreso nacional descansan en el principio económico siguiente: existe intima relación entre el valor del producto nacional neto y el total de ingresos de los individuos y las empresas de un lado, de otro lado con el gasto global efectuado por consumo e inversión. Por lo mismo, el valor del producto nacional neto, la suma de los ingresos percibidos por los individuos y las empresas, y el gasto total de la comunidad, son iguales entre sí, y representan tres métodos de medir el producto generado, calcu­lando su magnitud según el aspecto que de la actividad económica se tome como punto de partida. Éstos son:
  • el que mide el valor de los bienes y los servicios finales producidos dentro de una economía y en un lapso determinado (generalmente un año)
  • el que computa los ingresos pagados a los factores productivos:
  • El que suma los gastos totales de la comunidad.
  • El primero consiste en computar el valor agregado ( por valor agregado de una mercancía debe entenderse la suma de los valores parciales que se incorporan a dicha mercancía en cada una de las etapas del proceso productivo) a los bienes y servicios valorados a los precios de mercado y que tiene su origen en el trabajo realmente efectuado utilizando las técnicas disponibles y los bienes materiales de producción aplicados al proceso productivo todas y cada una de las actividades económicas (agrícolas, industriales y de servicios).
    El segundo se basa en el cómputo del ingreso neto percibido por los factores productivos y que está compuesto de las percepciones por trabajo y por la propiedad de capital.
    El método del gasto consiste en computar la totalidad de las ero­gaciones efectuadas por los individuos, las empresas y el gobierno, tanto en consumo como en inversión.
    Resumiendo en una economía determinada y en un periodo dado el valor de la producción de bienes y servicios, los ingresos percibidos por la comunidad y los gastos efectuados por la misma, responde a las maneras diferentes de apreciar el mismo fenómeno.
    INDICE
    BALANZA DE PAGO. CONCEPTOS BASICOS
    La balanza de pagos enumera y cuantifica en el lado del activo todos los rubros por medio de los cuales los residentes de un país recibieron poder de compra externa a través de las mercancías y servicios proporcionados y por la venta de títulos-valores (importación de capitales). Al mismo tiempo, enumera y cuantifica, en el lado del pasivo todos los usos de los residentes de dicho país le dieron a su poder de compra externo, por concepto de importación de bines y pago de servicios recibidos y por exportación de capital (importación de títulos).
    Existen tres formas diferentes de presentar la balanza de pagos de un país: en una, en dos columnas. Con la primera forma se anotan en una sola columna todas las operaciones, activas y pasivas y los saldos respectivos; la segunda clasifica las cuentas bajo la forma de balance por partida doble, registrando en la primera columna las operaciones activas (debe o ingreso) y en la segunda columna las operaciones pasivas (haber o egreso).
    El tercer modelo registra las operaciones según esta última forma, pero agregando una tercera columna para anotar los saldos de las balanzas de parciales y el saldo final.
    ESTRUCTURA DE LA BALANZA DE PAGOS
    La balanza de pago está integrada por dos grandes balanzas:
    Balanza Comercial
    • La balanza de transacciones en cuenta corriente Balanza de servicios
    • La balanza de capitales
    • La reserva
    • Transferencias unilaterales en forma definitiva
    • Errores y omisiones
    • LA BALANZA DE TRANSACCIONES EN CUENTA CORRIENTE: Es en realidad, la suma de las balanzas comercial y de servicios; en ella se registra el valor de todos los pagos que hace un país al exterior por concepto de la totalidad de aquellas operaciones que representan compraventa de mercancías y de servicios y que incluyen una prestación y su correspondiente contraprestación inmediata. El valor del activo de esta balanza mide la cuantía de las disponibilidades ordinarias de un país para pagar las importaciones de mercancías y de servicios. En caso de arrojar saldo positivo, éste puede utilizarse para efectuar exportaciones de capital, ya sea en pago de deudas o para hacer prestamos al exterior, efectuar inversiones directas o para incrementar la reserva monetaria internacional del país. Cuando esta balanza es desfavorable, significa que el país, para equilibrar sus cuentas con el exterior, ha tenido que pedir prestado, recibir inversiones directas hacer desinversiones en el exterior o disminuir su reserva.
    La balanza comercial y la balanza de servicio constituyen la balanza de transacciones en cuenta corriente, toda vez que estas operaciones se consideran normales y permanentes y sobre todo regulares en las relaciones de un país con el exterior, su volumen y monto pueden variar, pero siempre responde al principio de ejercerse desde un punto de vista bilateral, en el sentido de que estas operaciones al regirse por el principio de partida doble, tiene la característica de que toda prestación, recibida u otorgada, ha de correspondieres con una contraprestación inmediata.
    Esta balanza que incluyen el cómputo de ingresos y pagos que no representan ni concesión o devolución de un crédito o capital, ni movimientos de la reserva, registra en el activo el valor de los que éste efectúa a los demás países por todos los conceptos, quedando excluidos, por lo tanto, los movimientos de capital a corto plazo y a largo plazo, las cantidades que se han prestado o pagado entre extranjeros y nacionales, los movimientos de oro monetario y de divisas y las transferencias unilaterales de fondos.
    Hay un principio esencial en las relaciones económicas de un país con el exterior: el saldo de la balanza en cuenta corriente es siempre igual al saldo de la balanza de capitales pero de signo contrario, es decir, cualquiera que sea el saldo de la cuenta corriente, será igual al financiamiento que reciba el exterior. Si el saldo es positivo, necesariamente equivale a un financiamiento igual, que el país en cuestión otorga al exterior. En cualquiera de estas situaciones, el exceso de exportaciones de bienes y servicios, o en su caso, el déficit, será igual a los derechos adquiridos o alas obligaciones contraídas con el exterior, respectivamente.
    Por lo tanto, el saldo de la balanza de transacciones en cuenta corriente muestra, si es positivo, los recursos que un país tiene para invertir rentablemente en el exterior, para aumentar sus reservas o para reducir su deuda y, a la inversa, en el caso de que dicho saldo sea negativo.
    En general, todas las operaciones activas de la cuenta corriente, estuvieron conectadas de alguna manera con el ingreso; pero hay transferencias de ingresos en cuenta corriente que no forman parte del ingreso producido, más sí del percibido. Como ejemplos tenemos las remisiones recibidas de los emigrantes y el ingreso por las exportaciones de obras de arte y otras antigüedades. Sin embargo, los lo normal es que todos los ingresos originados por la venta de mercancías y la prestación de servicios al exterior forman parte del producto nacional generado en el país en el lapso considerado. De aquí que, visto desde otro ángulo, el saldo de la cuenta corriente, cuando es positivo, representa la contribución neta de la balanza en cuenta corriente al ingreso nacional. Por esta razón, puede afirmarse que los ingresos finales derivados de la balanza den cuenta corriente forman parte del ingreso nacional y que el saldo negativo represente una disminución a dicho ingreso.
    • LA BALANZA COMERCIAL (exportaciones e importaciones de mercancías): Enumera y cuantifica el valor monetario de la totalidad de las compras y las ventas únicamente por las mercancías que un país intercambió con el exterior. Dicha evaluación se refiere siempre a un período determinado, generalmente un año. El computo del valor exacto de las exportaciones y de las importaciones suele afectarse por factores como estos:
    • Los renglones incluidos;
    • Las fuentes de información utilizadas; y
    • El método empleado de la evaluación.
    Los Renglones Incluidos: Dependen del criterio que cada país adopte, Entre renglones que están sujetos a criterios especiales pueden señalarse los siguientes: la pesca capturada en aguas nacionales o en mares bajo el control de otros países, la compraventa de embarcaciones, la compraventa de oro y plata procedente la actividad minera nacional. ( Los países mineros exportan metales preciosos como si fueran mercancías y no como metales monetarios y a menudo esta situación plantea complicaciones para su computo dentro de la contabilidad internacional de un país. Sin embargo, los movimientos de metales como mercancías y los correspondientes a los metales monetarios son diferentes por su naturaleza y por sus efectos. La salida de oro monetario para el país que lo exporta tiene los siguientes efectos: equivale a una desinversión internacional, ejerce presión en el mercado de cambios y reduce el ingreso y el circulante nacional, en tanto que para el país tendrá efectos inversos.
    En cambio, la exportación de

    ¿Experimenta hoy Venezuela una crisis de balanza de pagos?


    Se entiende por una crisis de balanza de pagos cuando una economía se encuentra en la imposibilidad de financiar un déficit persistente de la cuenta corriente debido a un proceso indetenible de fuga de capitales y un uso excesivo de sus reservas internacionales que las ubica en un nivel mínimo no suficiente para preservar tanto su capacidad de pago externo como el respaldo interno del valor de su moneda.
    Lo mas preocupante de una crisis de balanza de pagos es que, por lo general, resulta la última fase de un proceso de aceleración inflacionaria derivado de un serio desequilibrio monetario, y a partir de allí la economía se puede situar en el umbral de una hiperinflación por la destrucción de buena parte del aparato productivo y la base impositiva del país, todo ello en un ambiente de expectativas crecientes de devaluación.
    Las evidencias empíricas sobre las dificultades de balanza de pagos revelan que las mismas llegan a una situación extrema debido al mantenimiento de políticas monetaria y cambiaria erróneas y distorsionantes en el largo plazo. Por ejemplo, de mantenerse un tipo de cambio fijo como ancla anti-inflacionaria por muchos años y al mismo tiempo por razones fiscales se incrementa excesivamente la liquidez monetaria, se termina por acentuar la apreciación del tipo de cambio real.
    En efecto, dado un tipo de cambio fijo y un excesivo financiamiento monetario del déficit fiscal que impulsa una mayor aceleración inflacionaria frente a los socios comerciales, el tipo de cambio real tenderá a reducirse provocando un significativo estimulo de las importaciones y reduciendo las exportaciones; simultáneamente comienzan a surgir expectativas de devaluación de la paridad cambiaria que alimentan salidas de capitales tanto por la vía de transacciones financieras como mediante operaciones comerciales fraudulentas. Cabe resaltar que ese flujo negativo de capitales se acentuaría aun más si se mantiene un cuadro de tasas de interés negativas. 
    Lo anterior describe una dinámica y resultados que se parecen mucho a lo experimentado por la economía venezolana en los últimos doce años, sin embargo es conveniente señalar que tal proceso no se reflejó mas temprano en una delicada situación de balanza de pagos del país por los efectos compensatorios de los crecientes precios petroleros hasta el año 2013, salvo el paréntesis del 2009- 2010.
    Posteriormente, a partir del 2014, cuando comienza una nueva etapa que se mantiene hasta el presente de reducción de los precios petroleros, se observa una sostenida caída de las reservas internacionales y una mayor administración y reducción de las importaciones, que acompañados con un descomunal volumen de salida de capitales que se aproximan a los 300 millardos de dólares durante los doce años previos, son signos de un serio problema que hoy padece la economía venezolana en su balance exterior.
    Otra forma de verificar la delicada situación del sector externo de la economía venezolana hoy día es la decisión por parte de las autoridades económicas de poner en marcha una rápida devaluación del tipo de cambio durante el presente año y paralelamente reducir al mínimo la liquidación de divisas con el público, así como la búsqueda de alternativas para fortalecer marginalmente las reservas internacionales operativas.
    Lo peligroso de este ensayo, sin llegar a poner en marcha un plan global de ajuste de la economía que propicie una estabilidad completa de la misma, es que tal vez sin saberlo, las autoridades están contribuyendo a construir los factores determinantes de una hiperinflación que afectaría por más tiempo a los venezolanos. 

    El PIB va significativamente y el gobierno no le importa



    El Banco Central de Venezuela llevaba desde 2015 sin publicar indicadores económicos. Hasta este martes, cuando los datos que se han ocultado de forma sistemática aparecieron inesperadamente reflejados en la página web de la institución. Las cifras ahora conocidas revelan una caída del PIB 52,3% desde 2013, cuando Nicolás Maduro fue elegido presidente. El Banco Central estima, además, que la inflación ha alcanzado la cifra más alta en la historia reciente del país al pasar del 180,9% en 2015 al 130.060% en 2018.

    Los números, sin embargo, se encuentran muy por debajo de las estimaciones de la Asamblea Nacional, de firmas independientes y organismos multilaterales, que calcularon el alza de precios del año pasado por encima de 1.700.000% y que la situaron para el cierre de este 2019 sobre los 10.000.000%.

    Aun así, es el primer reconocimiento explícito del régimen chavista del inmenso deterioro en el que está inmersa la economía venezolana. De hecho, para la inflación acumulada en los primeros cuatro meses de 2019, el régimen de Maduro tiene una estimación aún peor que la de la Asamblea Nacional, que lo calcula en el 666%. El banco central lo sitúa en más del 1.047% solo entre enero y abril.






    Las medidas de apertura económica: ¿Estabilización o desmantelamiento?

    Un complejo coctel de fenómenos y medidas parece estar reanimando la economía venezolana y dando un respiro a los sectores populares, pero también transformando al llamado “socialismo del siglo XXI” en una estructura que tiene cada vez menos que ver con la utopía chavista.
    El segundo gobierno de Nicolás Maduro, iniciado en enero de 2019, ha implicado un cambio rotundo con respecto al modelo económico de su primer período (2013-2018), en línea con lo anunciado ya en agosto de 2018 con el llamado Plan de Recuperación Económica. Si bien las sanciones impuestas a Venezuela por el gobierno estadounidense de Donald Trump han atado de manos al gobierno en muchos aspectos, también es verdad que, en paralelo al recrudecimiento de esas sanciones durante 2019, la situación económica venezolana ha venido, paradójicamente, estabilizándose. Un dato más asombroso todavía si recordamos que Rusia y China cerraron su línea de crédito a Caracas hace ya varios años y que la empresa estatal de petróleo del país caribeño no ha logrado salir del atolladero en el que cayó durante el primer gobierno de Maduro.
    ¿A qué se debe entonces la actual sensación de mejoría en lo económico, que ni los más apocalípticos opositores pueden negar?
    ¿Del desastre a la estabilidad?
    En su segundo mandato, después del desastre económico del primero, Maduro ha mostrado una tendencia a aplicar medidas de apertura y liberalización que desatan los nudos gordianos traídos por los obsesivos controles económicos estatales.
    Las actuales medidas para desmontar este sistema de control implican una apertura económica radical que en cualquier país sería catalogada por la izquierda como “neoliberalismo salvaje”. Son la respuesta a un consenso del que participan economistas de derecha y del gobierno, como Jesús Farías. Las disposiciones incluyen la eliminación definitiva y legal del control de cambios y del control de precios, privatizaciones como la de la cadena de automercados Bicentenario (expropiada por Chávez), la eliminación de aranceles para la importación y algo impensable durante el primer gobierno de Maduro: disciplina fiscal y la paralización de la reproducción alocada de dinero sin respaldo en la economía real (o inorgánico) que terminó en la peor hiperinflación del mundo. Durante la transición hacia el nuevo modelo liberal, Maduro reconoció en agosto de 2018 que en su primer gobierno financió el gasto público con la emisión de dinero inorgánico (lo que es penado por ley), pero que en esta nueva etapa impondría “disciplina fiscal prusiana”.
    Todo ello en un escenario social en el que el sueldo mínimo cayó de casi 250 dólares en 2012 a sólo cinco en 2015.
    La importación de alimentos y otros artículos de primera necesidad ha sido declarada libre de impuestos en 3.275 categorías de productos con el argumento de intentar eludir el bloqueo financiero. Y a juzgar por la cantidad de productos importados que inundan el mercado venezolano, parecería estar lográndolo, aunque con ello deprima aun más la producción nacional.
    Un factor central para entender la sobrevivencia del venezolano es que la pauperizada economía nacional comienza a adaptarse a nuevos tipos de ingresos de divisas. Aunque incomparables a la otrora renta petrolera, estos nuevos ingresos están signados por las remesas enviadas por los migrantes venezolanos, la repatriación de capitales por goteo y el nuevo impulso a la extracción de oro, entre otros.
    Después del petróleo
    Las remesas, particularmente, contribuyen a que los nuevos ingresos no se queden en las cúpulas políticas o económicas, lo que genera un burbujeo en todo el tejido social. Con el Estado ya lejos de ser la principal fuente de ingresos directos como antaño, la remesa ha pasado a ocupar su lugar. Quizá no tanto por el volumen, sino por su capacidad de irrigación directa a los sectores más necesitados.
    Es imposible tener estimaciones certeras del volumen de las remesas. El control de transacciones facilitó triangulaciones bancarias de diversa índole que permitieron llevarlas a cabo sin ningún control estatal. No obstante, diversos actores, incluso contrarios políticamente, proponen cifras relativamente parejas. Algunos calculan que el ingreso supera los 3.700 millones de dólares anuales, y otros, que podría estar acercándose a 6.000 millones en 2020. Otras estimaciones afirman que ya sobrepasa el total de exportaciones no petroleras. Hay economistas que calculan que los venezolanos envían en promedio entre 5 y 6 mil dólares por año cada uno, una cifra que puede ser exagerada para quienes envían remesas desde países periféricos. En un intento por conseguir información pregunté a varios familiares de migrantes pertenecientes a los sectores populares que reciben remesas y, entre quienes me respondieron, el mínimo recibido fue de 50 dólares mensuales, lo que representa diez meses de sueldo mínimo.
    La Onu maneja el dato de que han emigrado más de 4 millones de venezolanos. Tomando en cuenta que la finalidad principal de esta migración masiva venezolana ha sido producir ingresos para transferir remesas, podemos imaginar que el impacto de estas permite hasta cierto punto sustituir el que otrora tenían los empleos estatales. Antes de la crisis, el Estado era el principal empleador y los puestos públicos se estimaban en 2 millones.
    Otra nueva fuente de divisas es lo que llamamos “repatriación de capitales por goteo”. No encontramos cifras confiables sobre esto. Históricamente las clases alta y media alta, así como los sectores emergentes, llevaron sus ahorros y su capital hacia el exterior con el fin de atesorarlos en dólares y en un país confiable. Muchos de estos sectores aún viven en Venezuela y van trayendo mensualmente o incluso semanalmente pequeñas dosis de sus ahorros, pues, una vez convertidos a la moneda local, estos son disueltos por la inflación. El más reciente mecanismo que comprueba estas “microrrepatriaciones” es la utilización de la plataforma Zelle como forma de pago en diversos locales comerciales, especialmente en las zonas de clase media y alta. Se trata de una red de pagos que requiere disponer de una cuenta bancaria en Estados Unidos y que no cobra comisiones por la transferencia.
    La diferencia con el período previo a la crisis es que quienes fugaban capital, de manera más o menos fraudulenta, ahora lo repatrían no para grandes inversiones, pero sí en pequeñas dosis y hasta pequeñas inversiones como las que se ven con el auge en la oferta de restaurantes y lugares de diversión en las principales ciudades. Jesús Farías, exministro de Economía de Maduro y uno de los principales impulsores de la nueva etapa económica lo explica de esta manera: “Los actores privados están trayendo sus divisas y sus recursos para invertirlos en el país y están dejando de chupar de la teta del Estado” (Banca y Negocios, 10-I-20).
    Este proceso está generando algunas burbujas de consumo que develan nuevas formas de desigualdad en un ambiente ya ideológicamente posterior a los planteamientos de Chávez, y en el que participan viejas elites junto con nuevos ricos formados, fraudulentamente, en el chavismo y el adequismo.(1) Todo ello, mientras los dirigentes políticos del chavismo apuestan al nacimiento de una “burguesía revolucionaria”, tal como la denominó el ministro de Tierras, Castro Soteldo.(2)
    Ante la caída de la producción petrolera el gobierno impulsó la extracción del oro en el arco minero, que también está generando nuevos ingresos, aunque con consecuencias nocivas visibles en materia ecológica, que era otra bandera del discurso propiamente chavista. Con la minería de criptoactivos amparada legalmente y un precio irrisorio de la electricidad, Venezuela se ha convertido en un país con condiciones favorables para estas operaciones, y es el tercero en el ranking mundial en el uso de criptomonedas.
    Todo ello va aportando a la creación de una nueva economía nacional en la que ni el Estado ni el petróleo figuran como protagonistas.
    Algo muy notable de esta transición económica es la ausencia de datos para producir confianza en torno a la balanza de pagos, que es muy difícil de calcular con la situación actual, pero de la que se evidencia un equilibrio. Los datos oficiales publicados hasta el momento generan mucha desconfianza, dada la política del gobierno de no reconocer la gravedad de la situación. Es posible que nadie tenga la información real sobre los nuevos ingresos del país, especialmente de las remesas desde el exterior, pero tampoco sobre el oro y otros rubros que se están exportando. El gobierno parece independizado del Estado y no rinde cuentas a nadie.
    Una economía dolarizada
    La crisis venezolana fue ampliamente divulgada por los medios internacionales durante el primer mandato de Maduro (2013-2018). Los servicios del Estado colapsaron, la migración se contó por millones, la desnutrición se generalizó en sectores enteros de la población. Un ejército de hambrientos invadió los basureros.
    La situación hoy parece ser otra. Las medidas de liberalización han abatido la escasez. Ya no existen las colas. La inflación aún es alta, pero las oficinas de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, registran que en 2019 la tendencia fue hacia su disminución en comparación con 2018 y años anteriores. Tomando en cuenta que la hiperinflación implica sobrepasar un 50 por ciento de inflación mensual, según estos datos sólo existió un mes con hiperinflación en todo el año.
    El cambio se percibe cotidianamente. Se nota mayor capacidad adquisitiva incluso en sectores empobrecidos. El transporte público superficial ha venido mejorando. Muchos sectores del comercio sobrevivieron los peores años de la crisis y comienzan a revitalizarse. El dólar es usado en todos los estratos sociales. Hay nuevos negocios y comercios. El discurso de la crisis humanitaria se ha hecho insostenible y ha salido de la boca de los políticos de oposición.
    Han aparecido burbujas de consumo en centros financieros o turísticos del país. Así, algunas urbanizaciones de Caracas y otras ciudades grandes se han llenado de negocios caros, carros lujosos, edificios de alta gama y un consumo irrefrenable de productos importados. Igual en sectores turísticos. Siempre con el dólar como sustituto ya legal del bolívar, que está quedando confinado a circuitos marginales, en un proceso de dolarización irrefrenable reconocido abiertamente por Maduro en noviembre del año pasado. Pero la dolarización no es sólo de ricos o nuevos ricos. Muchos servicios hoy facturan en divisas. Son varios los oficios y profesiones que cobran en dólares, desde ejecutivos hasta mecánicos y costureras.
    Los buhoneros, manteleros o comercios informales de la calle aceptan dólares. Los marchantes que venden caramelos y chupetas hacen promociones para facilitar la venta en divisas. Cualquier puesto en mercados populares acepta y da vueltos en dólares. Las propinas también se están dando en esta moneda en muchos espacios.
    Es verdad que el Estado todavía paga en bolívares los sueldos irrisorios de sus trabajadores, incluyendo los de los principales prestadores de servicios como enfermeras, médicos y docentes, así como policías y otros. Pero también es verdad que muchos de ellos cobran servicios en dólares por fuera de su trabajo en el Estado. Los maestros reciben en dólares las clases particulares. Enfermeras y médicos tienen trabajos paralelos en los que hacen lo mismo. La policía cobra sus coimas también en dólares. Jubilados y trabajadores públicos tienen negocios de comercio informal con el que atrapan divisas.
    En líneas generales, quedan muy pocos que vivan de los sueldos del Estado.
    Según Datanálisis, una importante firma de investigación económica, más del 40 por ciento de la población utiliza el dólar.
    Podría aducirse que la mejoría puede ser sólo una sensación, pero la triangulación de datos realizada sugiere que esa sensación tiene un sustento real.
    Es cierto que Caracas se ha vuelto una gran burbuja que parece no estar afectada por la grave crisis del interior del país, sobre todo en la esfera de los servicios públicos y signada por la falta de gasolina. Pero también es cierto que los nuevos ingresos a los que hemos hecho mención están esparcidos por todo el territorio nacional, e incluso hay territorios, como los de frontera y los de explotación del oro, donde se evidencia un poder adquisitivo en aumento. Atrás quedaron las imágenes diarias de saqueos en carreteras y pueblos del interior del país que pudimos ver desde 2016 hasta 2018.
    Ha habido un debate sobre el auge de los bodegones (ventas de productos exclusivamente importados). Para los economistas del gobierno son síntoma de recuperación económica, para otros analistas son el mejor ejemplo del fin de la revolución y el auge de una división de clases tajante y problemática.
    En la actualidad, y a pesar de estos bruscos cambios económicos, el principal problema inmediato no parece ser la desigualdad social en crecimiento. El país tiene varios años siendo completamente pobre, y ahora resulta que hay ricos que también fueron golpeados por la crisis de diversas formas y cuyo consumo no tenía el grado de visibilidad que ahora tiene con estas grandes burbujas y bodegones. Pero, por ahora, el tema central no es la desigualdad, puesto que esta termina invisibilizándose en la medida en que las clases pobres y medias aumentan su consumo en comparación con los peores años de la crisis (2013-2018).
    El desafío más acuciante y verdadero signo de esta época es el colapso general de los servicios públicos y la incapacidad del Estado para enfrentarlo. El gobierno ya no tiene posibilidad de agenciar los servicios públicos, lo que abre una era de micro- y macroprivatizaciones. Quien tiene dinero para pagar podrá contar con salud, transporte, educación, luz y agua. Quien no tenga, la tendrá mucho más difícil. Las arcas estatales han quedado desprovistas. Las misiones sociales que fueron la política asistencial exitosa de Chávez han venido debilitándose de manera importante, centros médicos emblemáticos como el que quedaba en el corazón de la clase media alta de Caracas, en las Mercedes, está cerrado hace tres años, las decenas de médicos cubanos que allí laboraban se han retirado. Como ese, muchos otros centros de salud y educativos propios de las misiones sociales han cerrado.
    Por todo esto, los sectores vulnerables irán engrosando grandes bolsones de pobreza que seguro impactarán en los próximos decenios en la vida del país, pero, por ahora, el cambio económico genera algo de oxígeno a todas las capas sociales, de manera directa o indirecta.
    Ciertamente, el estatismo extremo ahogó la economía venezolana y la llevó al quiebre antes de las sanciones. En cambio, el desmonte de los controles estatales y la imposición de medidas liberales han dado un respiro a la economía, sobre todo la de los más pobres. Esto desata un debate sobre el éxito de ciertos modelos económicos y la deseabilidad de cierto tipo de controles, pero, principalmente, sobre el modelo del Estado y su relación con la economía y la sociedad.
    El debate no es sólo sobre Venezuela. Un nuevo ciclo progresista en América Latina debe salir de los dogmas para confrontar una situación regional donde campea el libre mercado salvaje, y no permitir la disolución del Estado como ente mediador o colchón para la pobreza estructural que el primer ciclo de Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner apenas pudo calmar temporalmente. El nuevo ciclo revitalizado en Argentina y México no parece aún tener al respecto una dirección clara. ¿Puede la izquierda emprender cambios profundos en la economía latinoamericana o terminará muriendo en el libre mercado por puro miedo a repetir la experiencia venezolana? Todo esto convendría pensarlo en el marco del fracaso del neoliberalismo evidenciado con las protestas de Chile, Ecuador y Colombia, entre otras, a finales de 2019.