Paralización de la actividad petrolera, caída en la bolsa
de valores y productividad en picada…sin duda el coronavirus ha dado un duro
golpe a la sociedad en todos sus ámbitos, empezando por una cifra imparable de
contagios y muertes a lo largo y ancho del globo. Pero además de la crisis de
salud pública que ha desatado, también ha puesto en jaque la economía mundial
desde sus primeros vestigios, y no parece que el panorama vaya a mejorar
pronto.
Tras ser catalogada pandemia
global por parte de la Organización Mundial de la Salud, cada vez son más
las naciones que decretan estado de emergencia y cuarentena obligatoria para
contrarrestar la propagación del virus, el cual ya ha demostrado ser altamente
contagioso. Este aislamiento se traduce en pausar temporalmente la actividad
industrial, pequeñas y medianas empresas, e incluso los negocios informales,
exceptuando únicamente aquellos rubros dedicados a la alimentación y la
medicina.
Entonces, como es de esperarse, un declive financiero
está tocando la puerta de los países menos favorecidos. Es bien sabido que
Latinoamérica alberga algunas de las economías más débiles a escala mundial,
siendo Venezuela el caso más preocupante al arrastrar consigo una crisis humanitaria
de hace varios años. En este sentido, si controlar el brote ya es un desafío
para los gobiernos del primer mundo, el resto de países está frente a una tarea
titánica desde varias ópticas.
Europa es el ejemplo perfecto para sintetizar esta premisa.
España e Italia son los países europeos más afectados por la pandemia, con
números alarmantes de fallecidos en tiempo récord y miles de nuevos casos
diariamente. Su sistema de salud ya ha colapsado debido a la cantidad de
diagnósticos por atender las 24 horas, lo cual representa de por sí un enorme
riesgo para su estabilidad económica. A esto hay que sumarle la cuarentena.
China también tuvo que enfrentar esta recesión en primera
plana al ser la nación en la que se originó el COVID19. Sin embargo, su impacto
se ha reducido aceleradamente los últimos días a consecuencia de sus agresivas políticas
de control, las cuales están siendo replicadas por otros países.
El cierre de tiendas, fábricas y centros educativos fue
una de las medidas que mejor neutralizó los efectos de contagio del
coronavirus, aunque esto significara un declive para el desarrollo financiero.
Aun así, el gigante asiático se muestra optimista con expertos que aseguran la
recuperación total en cuestión de meses, tal como lo señala Liang Huang,
economista jefe de la Corporación de Capital Internacional de China: “si la
situación continúa sin complicaciones, China es capaz de conseguir un
crecimiento anual del PIB del 6%", declara a Global Times.
Una vez reseñado todo lo anterior, es menester acudir a
las estadísticas para comprender a fondo las consecuencias de un virus de esta
magnitud. Kristalina Gerogieva, directora gerente del Fondo Monetario
internacional, advirtió a mediados de febrero que el crecimiento de la economía
mundial, estimado en un 3,3% para este año, podría reflejarse entre un 0,1% y
0,2% a causa del coronavirus.
Considerando dicha proyección, el empresario James
Donald, responsable de mercados emergentes de Lazard AM, asegura que el sector
más vulnerable en estos momentos es el petrolero, que pese al aumento de la
producción, existe una presión respecto al precio, la renta variable y las
estimaciones de crecimiento mundial.
Por otro lado, hay que mencionar la caída en la bolsa de
valores, la cual experimentó un desplome de más del 20% en las últimas semanas
producto de la pandemia que continúa extendiéndose por los Estados Unidos. El
presidente Donald Trump mencionó que “Es una situación muy difícil” la que
enfrenta Wall Street, haciendo referencia a la paralización de una economía que
“estaba en su mejor nivel” para combatir el virus.
Si bien las grandes potencias luchan contra el mismo
enemigo invisible que los países pequeños, es innegable que estos últimos no
poseen suficientes armas para hacerle frente. Como se ha mencionado
previamente, Venezuela atraviesa un escenario poco esperanzador ante la
creciente ola de infectados en el país. En plena cuarentena, muchas naciones
han tenido que asumir el pago de salarios para los trabajadores, afectando
directamente a su producto interno bruto. Esto es más grave en el país
latinoamericano, considerando que el sueldo mínimo no cubre en su totalidad las
necesidades del venezolano.
Aunque el gobierno plantea aplicar esta medida a través del
sistema Patria, no es ninguna garantía cuando no todos están adscritos al
carnet de la patria, e incluso otros reciben pago en divisas como alternativa a
la devaluación monetaria que se viene agravando desde mucho antes de cualquier
epidemia.
Con esto sólo queda preguntarse qué estrategias implementarán
las naciones del mundo para salvaguardar su economía de esta grave enfermedad; los
países más preparados ya cuentan con escudos de protección lo suficientemente
fuertes. Una vez superada la crisis, quizá lo único que quede sea reparar el
daño y encaminarse a la reconstrucción. Pero ¿Cuál será el camino a seguir para
los países poco dotados para tal amenaza? Sólo el tiempo lo dirá.
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