El PIB mide el valor monetario de los bienes y servicios fi nales —es decir, los que adquiere el consumidor fi nal— producidos por un país en un período determinado (por ejemplo, un trimestre o un año), y cuenta todo el producto generado dentro de las fronteras. Abarca los bienes y servicios producidos para la venta en el mercado, pero incluye también otros, como los servicios de defensa y educación suministrados por el gobierno. Un concepto parecido, el PNB o producto nacional bruto, comprende todo lo producido por los residentes de un país. Por lo tanto, si una empresa de propiedad alemana tiene una fábrica en Estados Unidos, su producción forma parte del PIB estadounidense, pero del PNB alemán.
No todas las actividades productivas están reflejadas en el PIB. Por ejemplo, el trabajo no remunerado (ya sean tareas domésticas o la labor de voluntarios) y las operaciones del mercado negro están excluidas porque son difíciles de medir y valorar correctamente. Eso significa que un panadero contribuye al PIB cuando elabora un pan para un cliente, pero no cuando lo hornea para su familia.
Dado que el PIB se mide en la moneda nacional, es necesario hacer un ajuste al comparar el valor del producto de dos países con distinta moneda. Lo que se acostumbra es convertir el valor de cada PIB a dólares de EE.UU.; esa conversión se basa en el tipo de cambio vigente en el mercado de divisas o en el tipo de cambio ajustado según la paridad del poder adquisitivo (PPA). Este último es el tipo de cambio que habría que aplicar al convertir una moneda a otra para poder comprar el mismo volumen de bienes y servicios en cada país (véase “Vuelta a lo esencial” en la edición de marzo de 2007 de F&D). En los países de mercados emergentes y en desarrollo hay una gran diferencia entre un tipo de cambio y otro; en la mayoría, la relación entre el tipo de cambio de mercado y el ajustado según la PPA es entre 2 y 4. Eso se debe a que los bienes y servicios no transables suelen ser má baratos en los países de bajo ingreso que en los de alto ingreso —un corte de cabello sale más
caro en Nueva York que en Bishkek—, aun si el costo de fabricar bienes transables, como maquinaria, es el mismo.
En las economías avanzadas, la diferencia entre los tipos de cambio es mucho menor. Todo esto signifi ca que los países de mercados emergentes y en desarrollo tienen un PIB estimado en dólares más alto cuando se utiliza el tipo de cambio ajustado según la PPA. El FMI publica una variedad de datos sobre el PIB en su sitio web (www.imf.org) y es una de las instituciones internacionales que elaboran indicadores mundiales y regionales del crecimiento del PIB real que permiten formarse una idea de la rapidez o la lentitud con que se están expandiendo la economía mundial o las economías de una determinada región. Los agregados se calculan como promedios ponderados del PIB de distintos países y las ponderaciones (basadas en tipos de cambio ajustados según la PPA) reflejan el porcentaje del PIB que corresponde a cada país dentro del grupo. Así, por ejemplo, en la última actualización de su informe Perspectivas de la economía mundial, el FMI
proyecta que el PIB real mundial crecerá 2,2% en 2009, comparado con 3,7% este año y 5% en 2007. Se prevé, por primera vez desde la segunda guerra mundial, una contracción anual de las economías avanzadas.
Haciendo un énfasis, en Venezuela, para mayo de 2019 el BCV sorprendió al hacer públicos datos del PIB que eran ocultos desde 2015. Índices como precios al consumidor (IPC) también fueron sacados a la luz.
El primer dato sorprendente es que la hiperinflación, que arranca oficialmente en diciembre de 2017, se ubicó en 53.798.500 entre 2016 y 2019. Solo en 2018, la inflación fue de 130.060,2%. Sin embargo, este último valor se encuentra muy por debajo del calculado por la Asamblea Nacional, institución que se dio a la tarea cubrir el vacío dejado por el Banco Central.
Asimismo, el BCV informó niveles inflacionarios de 862,6% y 274,4% para 2016 y 2017, respectivamente. Es importante destacar también, lo que muchos habían advertido y que ahora se confirma oficialmente, y es que la economía venezolana se redujo casi a la mitad entre 2013 y 2018.
Según las estadísticas del organismo emisor, la caída del Producto Interno Bruto (PIB) desde 2013 hasta el tercer trimestre de 2018 fue de 47,7%.
Asimismo, el consumo nacional se redujo 18,7% hasta el tercer lapso de 2018 con respecto a 2017. De igual forma, la inversión de capital disminuyó 45,3% en 2017 y 47,8% hasta el tercer período de 2018.
En cuanto al PIB sectorial, se observa una caída de la producción nacional durante 19 trimestres consecutivos, desde el primer lapso de 2014 hasta el tercero de 2018.
En cuanto a la balanza de pagos, la partida que registra las remesas reflejó un aumento de 1.021% en dos años. Esto evidenciaría que Venezuela ha pasado a ser un país de bajos ingresos y con gente asistida por capitales provenientes de otras economías del mundo.
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